15 noviembre, 2019  por 

La discriminación por edad, es el fenómeno más común en empresas y organizaciones por encima de otros tipos de discriminación. Sin embargo, se trata de un tipo de discriminación menos visible porque tiene que luchar contra estereotipos muy erradicados en este sentido y con la menor sensibilidad que muestra la sociedad, en general, hacía el edadismo.

Estos tópicos y estereotipos se fundamentan en ideas tan alejadas de la realidad como la escasa capacidad de adaptación de los seniors o la falta de competencias digitales, y la sociedad vive con naturalidad que a medida que se envejece se “empuje” a los seniors a un retiro forzado de la actividad laboral, cuando en la mayoría de casos por la madurez, conocimientos y experiencia alcanzados, es cuando pueden dar lo mejor de sí.

De los tres millones de parados que hay en nuestro país un 50% superan los 45 años de edad y se enfrentan diariamente a la barrera impuesta por el edadismo en su búsqueda de empleo. Lo más irónico de la cuestión es que mientras celebramos por un lado los avances de la ciencia que nos encaminan a una vida cada vez más longeva, por el otro, no nos paramos a reflexionar detenidamente sobre las implicaciones que esta progresiva longevidad acarreará en todos los sentidos.

La situación es muy clara; viviremos más, la fertilidad se sigue reduciendo y, según las previsiones al respecto, las poblaciones envejecerán significativamente en las próximas décadas. De hecho, para 2050 se prevé que una de cada cuatro personas que viven en Europa y EEUU podría tener 65 años o más. En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de cinco años en todo el mundo. Este envejecimiento a pasos agigantados lleva a estimaciones que nos dicen que el número de personas de 80 años o más se triplicará; de 143 millones en 2019 a 426 millones en 2050. Ante estas cifras, ¿cómo pensamos que vamos a mantener una economía sostenible? ¿Qué pasará con un sistema de pensiones que no ha variado al nivel que lo ha hecho la esperanza de vida?

Es verdad que el planeta sigue con preocupación y justo interés las cuestiones relacionadas con el desarrollo sostenible, las revoluciones tecnológicas o la transición energética, pero por alguna razón incomprensible no pensamos en lo que será de nosotros y del estado de bienestar viviendo en una sociedad envejecida que no pone los medios para paliar sus dramáticos efectos en un futuro no tan lejano.

En el último informe publicado sobre el tema por la OCDE ya nos advierten sin paliativos de que: “La gente de hoy vive más que nunca, pero lo que es una bendición para las personas puede ser un desafío para las sociedades. Si no se hace nada para cambiar los patrones de trabajo y jubilación existentes, el número de personas mayores inactivas que necesitarán el apoyo de cada trabajador podría aumentar en un 40% de promedio en el área de la OCDE entre 2018 y 2050”

Hemos de afrontar la realidad y trabajar en la elaboración y aplicación de medidas eficaces encaminadas a mejorar la situación del mercado laboral de los trabajadores de más edad. Un plan de acción que incluya propuestas en varios ámbitos, tanto a nivel legislativo, como empresarial y social. Trabajar con la voluntad de impulsar cambios a nivel europeo en la legislación laboral para proteger al colectivo de +45 años y conseguir medidas efectivas que permitan retener el talento senior en las empresas. Estas medidas deberían incluir, entre otras, incentivos a nivel fiscal, propuestas sobre cuotas de personal de más edad en las empresas o bonificaciones por contratos a seniors.

Asimismo, obtener un compromiso de los gobiernos para el control de las jubilaciones anticipadas, evitando que se conviertan en despidos encubiertos del personal de mayor edad. Es más que evidente que la visión cortoplacista del ingente volumen de jubilaciones anticipadas que caracterizaron el mercado laboral en las últimas décadas no ha hecho más que acelerar la gravedad de un problema sobre el que hay que actuar sin más dilación. Hay que cambiar la mentalidad respecto a la jubilación y buscar fórmulas flexibles que no penalicen al trabajador en la última etapa de su vida laboral, sino todo lo contrario, e imitar ejemplos de países en los que la jubilación activa se ha revelado como una fórmula óptima que contribuye a paliar el grave problema del talento senior que se pierde diariamente.

Otro de los puntos claves de un plan de acción pasa por fomentar programas de formación específicos para el colectivo senior, haciendo especial hincapié en las nuevas tecnologías. Desafortunadamente, y comparados con otras realidades europeas, España es de los país donde es más escasa o casi inexistente la inversión en formación para el colectivo de más edad en las empresas, y este es uno de los puntos claves sobre el que debemos avanzar más rápidamente.

Por otro lado, no se trata solo de realizar una campaña a nivel legislativo, hay que hacer, además, un gran trabajo de sensibilización en las empresas y en toda la sociedad. Hay que fomentar los equipos intergeneracionales, incidiendo en que el talento senior y el junior no son excluyentes si no que la suma de los valores que ambos aportan son una combinación ganadora en el complejo mundo empresarial. Es todo un sinsentido que la sociedad renuncie a los conocimientos, madurez y visión global que puede aportar un trabajador con décadas de experiencia en el mundo laboral.

Tal como indica el informe de la OIT, “Trabajar para un futuro más prometedor”, hay que tener en cuenta que los trabajadores senior son un activo tanto para la economía como para la sociedad, y desde el mencionado documento invitan a todas las partes involucradas a entablar un diálogo social para superar un desafío que está exigiendo respuestas inmediatas.

Tras lanzar nuestra campaña #NoALaDiscriminacionPorEdad, hemos recibido muchos testimonios de personas que forman parte de este colectivo invisible, por los cuales nos hemos comprometido a trabajar duro para que se escuche su mensaje. Entre los que nos han ido llegando queremos recoger uno de ellos que refleja de manera clara la situación a la que se enfrenta una mujer desempleada pasada la cincuentena y el desamparo que la rodea:

“Tengo 54 años, inicié mi carrera profesional en el mundo de la prensa y seguidamente, tras una aventura empresarial propia y unos años de trabajo fuera de España, los últimos diez años he estado trabajando para una multinacional. Hace un tiempo, y dentro de un programa de reajuste económico, la empresa eliminó mi puesto de trabajo para reducir costes, y me ví en la calle.

Tras el impacto inicial, entrar en un mundo que desconoces del todo, ir a la oficina del SEPE por primera vez y que te hablen de la suerte de tener dos años de paro (?) me lancé frenéticamente a la búsqueda de empleo con el convencimiento de que con mi experiencia, los diferentes sectores en los que he trabajado, mi polivalencia, los idiomas, etc. sería factible encontrar un nuevo trabajo en un plazo no excesivamente largo. Me considero una buena trabajadora, entusiasta, entregada, nunca he tenido el menor problema en los lugares en los que he trabajado, he gestionado equipos compuestos por muchas personas, en el último empleo con muy buenos resultados, y en definitiva tenía la certeza de que todos estos aspectos me ayudarían a encontrar un nuevo empleo.

Creo que fui muy ingenua al pensar que esto no iba a ser tan duro. La realidad es que he recopilado en los últimos meses una colección variadísima de redactados de cartas en las que tras leer “Thank you….” se positivamente lo que sigue. He mandado ofertas en las que encajo a la perfección con el perfil buscado y en el minuto 1 ya leo: “tu cv ha sido descartado”. En cualquier caso sigo sin desanimarme, si bien creo que hay cosas que seguramente podría hacer mejor para acceder a un mundo laboral para el cual ahora soy únicamente una persona más cerca de la jubilación que de una nueva etapa profesional (craso error).

No me quiero alargar infinitamente pero quería hacer hincapié en que, como yo, muchas de las personas que nos encontramos en estos momentos en la misma situación llevamos en algunos casos hasta quince años sin haber hecho una entrevista de trabajo, hay gente que no está familiarizada con el uso de redes para la búsqueda de empleo, el mundo de las nuevas tecnologías ha cambiado nuestras vidas por completo y es evidente que también la manera de buscar trabajo, y creo que una palabra que califica muy bien el estado de ánimo de los parados de mi generación es el desamparo y el total abandono ante un futuro incierto. Además hay que tener una gran dosis de voluntad y disciplina para no caer en el desánimo y seguir teniendo ganas de hacer cosas cuando ves que el mundo de todos lo que te rodean sigue su ritmo, y en cambio tú te tienes que crear tus propios ritmos para que la situación no se te escape de las manos.

Cuando hoy he visto la información de tu campaña en El Periódico de Catalunya ha sido un verdadero rayo de esperanza, porque estoy segura de que somos muchos los que estábamos esperando una iniciativa en esta línea. Tengo muchas ideas sobre acciones, propuestas, encuentros, iniciativas que estoy segura podrían llevarse a cabo y me gustaría poder mantener un encuentro personal si es posible para exponértelas personalmente. Si lo ves factible y tienes algo de tiempo estaría encantada de compartir contigo todas mis propuestas.

Un último apunte, me encanta leer en todos los anuncios de trabajo, “no discriminamos por edad / sexo / religión / etc.” y cuando ves el redactado del texto, a un 90% de empresas les encanta decirte “te podrás incorporar en un equipo joven y dinámico”….¿los seniors no tenemos dinamismo? ¿si no discrimináis por edad como puede ser que todo el equipo sea joven?. Es una de las muchas reflexiones que vas elaborando cuando durante 3-4 horas al día te dedicas a leer anuncios y enviar CV’s haciendo de ello una nueva profesión, la que nunca hubiera querido tener.

Hay mucho trabajo por delante y se trata de un esfuerzo de todos. Confiemos en que cada vez será más numeroso el grupo de los que suscriben el mensaje de #NoALaDiscriminacionPorEdad, y que un día el edadismo no sea más que un término anacrónico que habremos erradicado para siempre de nuestro vocabulario. Porque los mayores de 45 años debemos reivindicar nuestro derecho a continuar viviendo vidas de superación y desarrollo personal, a tener expectativas y un futuro hasta el último momento, nuestro derecho a poder asumir nuevos retos y oportunidades.

Fuente: hayderecho.expansion.com

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