manifiesto

PLATAFORMA CÍVICA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN POR EDAD

En España, los poderes públicos abiertamente fomentan y promueven la discriminación por edad, tanto a nivel discursivo como con medidas concretas de carácter legislativo y administrativo. Es una discriminación que comienza a los 30 años con limitaciones en oposiciones, trabajos y becas. Las medidas de discriminación se van incrementando con la edad. Hay incluso empresas que se jactan públicamente de contratar únicamente a menores de 30 años.

1. El “paro juvenil”: Realidad y argumentos engañosos.

El  argumento todopoderoso que se da para justificar esas medidas discriminatorias es la necesidad de atajar el paro juvenil, que está muy por encima de la media (cuanto más temprano el grupo de edad, más alta es la tasa de paro).

Ya sea intencionadamente o por incompetencia, nuestros políticos confunden a la opinión pública con su falaz argumento sobre el paro juvenil.

Es importante entender ante todo que jóvenes no son objeto de discriminación por su edad, sino por su falta de experiencia profesional, y a ello se debe su dificultad para conseguir empleo. Este es un problema que comparten con personas de otros grupos de edad, aunque lógicamente sea más habitual entre las personas de menor edad.

Sin embargo, mientras que los jóvenes no son objeto de discriminación “por su edad” en el mercado laboral, las personas “mayores” (incluso a partir de los 30 años) sí son objeto de discriminación por su edad en el medio laboral, sanitario, en la obtención de vivienda, etc. Cuanto más avanzada la edad, mayor es el grado de discriminación.

El llamado “paro juvenil” es el paro de las personas que están en proceso de adquirir experiencia profesional (sean jóvenes o menos jóvenes), y ese es un problema que requiere medidas estructurales , es decir, una legislación que garantice puestos de trabajo dignamente retribuidos para personas en proceso de formación profesional.

El problema de las personas que están en proceso de adquirir experiencia profesional no se resuelve induciendo, mediante medidas discriminatorias y privilegios injustificados, a la contratación de personas sin la preparación debida. Ello hace que otros trabajadores, tras adquirir una valiosa preparación y experiencia en su profesión a lo largo de muchos años, ahora se vean injustamente discriminados por su edad.

Al joven no se le discrimina por su edad. De lo contrario nadie querría aparentar ser joven, como nadie querría parecer negro o judío en sociedades en que se discriminara por esos motivos. Sin embargo, la expresión “paro juvenil” parece indicar que es un paro que sufren por ser jóvenes, y en consecuencia se ponen en práctica todo tipo de medidas discriminatorias meramente por el factor de edad, sin tener en cuenta que muchos jóvenes disfrutan de una situación económica o laboral privilegiada.

Los jóvenes no son un grupo social estable que haya sufrido discriminación en el pasado por el hecho de ser jóvenes, razón por la cual ahora estaría justificado restituirle la igualdad robada en épocas anteriores concediéndoles ahora ventajas especiales, como es el caso de los afroamericanos en Estados Unidos. Querer resolver así un problema que no tiene su raíz en una discriminación histórica es promover auténtica discriminación, y ello está generando sufrimiento y antagonismo social.

2. Los privilegios nunca son gratuitos.

Los privilegios nunca son gratuitos. Siempre hay otros que los pagan injustamente. Puede resultar políticamente ventajoso, por ejemplo, el promover “vivienda juvenil,” es decir, viviendas a precios artificialmente bajos, que solamente pueden ser adquiridas por personas menores de una determinada edad, para así ayudarles a emanciparse. Sin embargo, el hecho es que la diferencia entre ese precio artificialmente bajo y el precio real de esas viviendas la están pagando con sus impuestos personas de 40, 50 o 60 años, algunas de las cuales llevan posiblemente décadas ahorrando para poder tener una vivienda en propiedad  y quizás no lo logren nunca.

3. Discriminación por edad y dignidad de la persona.

La discriminación por edad se basa en un prejuicio análogo al prejuicio racial: la idea de que determinados grupos sociales son inferiores en sus capacidades, valen menos, y por tanto tienen menos derechos, o sus derechos, aunque sean nominalmente iguales, no es necesario respetarlos.

Sin embargo el valor de la persona, su dignidad intrínseca, no puede ser puesta en cuestión por ninguna política o legislación, por ningún gobierno, grupo o persona, como afirma  la Declaración Universal de Derechos Humanos, por lo que nunca podrá validarse ningún hecho discriminatorio, ni acto de intolerancia motivados en razones de edad.

Asumir que un trabajador por el hecho de tener 45 o 50 años es menos competente y está menos capacitado para cumplir con su profesión es un prejuicio inaceptable y sin base en la realidad que está dejando a muchas personas sin horizontes en sus vidas.

4. Promesa de falsos privilegios como forma de soborno.

La promesa de falsos privilegios a los más jóvenes es en esencia un intento de soborno: a la persona más joven se la engaña con más facilidad. De ese modo se intenta comprar sus votos. 

Mientras por una parte se les induce a pensar que las personas mayores están ocupando puestos de trabajo que deberían ser para los jóvenes, por otra se prolonga hasta los 67 años la vida laboral de las personas mayores (y aún se pretende prolongar más). ¿Cómo se entiende semejante contradicción?  Tan sólo como lo que es verdaderamente: el resultado de una mentira.

El hecho es que cuantos más trabajadores hay en el mercado laboral más riqueza se genera. El trabajador experimentado no está quitando puestos de trabajo a los jóvenes sino todo lo contrario, está generando riqueza que dará lugar a nuevos puestos de trabajo. La economía y el mercado laboral no soncomo una pecera, de la que tienen que salir unos peces para que entren otros, pues no hay sitio para todos. Si así fuera la economía nunca crecería. La economía es más bien como un globo infinítamente elástico en el que cuanto más aire entra más grande se hace.

5. Prejuicio, marginación y suicidio.

El clima generalizado de discriminación por edad promovido por el Estado no contribuye a generar lazos de solidaridad por parte de los jóvenes, sino sólo a generar entre algunos de ellos una exigencia sistemática de privilegios por edad. Quienes así lo hacen están causando sufrimiento y resentimiento en muchos.

Ese clima social de discriminación por edad lleva a una continua devaluación y marginación de la persona mayor y ello se refleja, entre otras cosas, en las tasas de suicidio: la de las personas mayores de 70 años triplica la de los menores de 30. 

A ello se une un prejuicio alimentado por la ignorancia. Por ejemplo, se imponen todo tipo de restricciones y limitaciones en los permisos de conducción a mayores de 65 años, cuando el hecho es que según datos oficiales las personas menores de 30 años causan cuatro veces más accidentes que las mayores de 65, pese a lo cual no son objeto de ningún tipo de restricción.

6. Quienes promueven la discriminación tienen la vida resuelta. 

La paradoja es que son personas mayores –los políticos y muchos de quienes les apoyan- quienes promueven la discriminación por edad. Ellos tienen su vida resuelta. No son trabajadores que se vayan a ver alguna vez discriminados por las medidas que están impulsando. En esas medidas sólo ven ganancia política. 

También en la Alemania nazi había judíos cazajudíos y en la Sudáfrica del apartheid y en todos los sitios donde ha habido esclavismo ha habido negros que apoyaban el sistema pues les favorecía. También ha habido mujeres ocupando el trono y puestos de poder en circunstancias históricas en que la mujer no tenía ni siquiera derecho al voto.  

7. Actos de Intolerancia

Otro problema que acompañan a los hechos discriminatorios son los actos y conductas de intolerancia por razón de edad; las humillaciones, vejaciones, insultos, los engaños y extorsiones, especialmente significativas con la mujeres de edad. Los actos de exclusión, segregación y marginación, incluso las acciones violentas, están a la orden del día alimentados por un clima donde el juvenilismo convierte a las personas a partir de cierta edad en subalternos sin valor, en un estorbo que espera la llegada de su defunción.

La intolerancia, en diferentes situaciones y  casos, puede adquirir tintes dramáticos y muchas personas mayores pueden ser y son víctimas de delitos de odio en contextos familiares, residencias de tercera edad o simplemente en barrios o parques, donde suelen ser los principales candidatos por su debilidad a los robos y hechos de violencia, suspendiendo de facto sus derechos de libertad y seguridad, acompañados casi siempre de una indolencia institucional justificada por la edad.  

8. Discriminación inconstitucional.

La Constitución Española, en su artículo 14 establece que nadie podrá ser objeto de discriminación por circunstancias de carácter personal. La edad, sin duda, es una circunstancia personal. 

Por su parte, el artículo 10 de la Constitución reconoce al dignidad de la persona y los derechos inherentes e inviolables que se derivan de dicha dignidad, así como el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Se afirma en dicho artículo que ese reconocimiento se hace en consonancia con la Declaración Universal de Derechos Humanos. 

Dicha Declaración cita en su artículo 23 el derecho al trabajo remunerado como uno de los derechos humanos inviolables, sin que se establezca límite de edad para ejercitarlo, ni por supuesto la posibilidad de ser discriminado en el ejercicio de tal derecho. Y lo mismo se puede afirmar del artículo 35 de la Constitución Española, que establece el derecho al trabajo como un derecho fundamental sin establecer excepciones, límites o discriminaciones por edad.

El derecho a la igualdad es un derecho fundamental e inalienable, como lo es también el derecho al trabajo. No se puede violar derechos fundamentales e inalienables con base en el puro prejuicio, porque entonces estamos negando el estado de derecho y la democracia.

Nuestra lucha contra la discriminación por edad es una lucha por la igualdad real y contra el antagonismo social, contra el aparheid generacional a que está dando lugar el discurso  y medidas discriminatorias de la clase política española.  Es una situación que nos parece inaceptable. Por eso exigimos la derogación de todas las medidas legislativas y administrativas que discriminan  por edad así como la prohibición legal de la discriminación por edad en el ámbito laboral, de vivienda, sanitario y en la concesión de créditos.

¡Colabora con la Campaña contra la Discriminación por Edad!

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