Ahora resulta que a los jóvenes se les ha hecho promesas que no se han cumplido. Y uno se pregunta ¿qué estupidez es esa? ¿Quién ha hecho tales «promesas»? ¿Quién tiene capacidad para prometer esas cosas? Y además dicen (o se pone en boca de ellos más bien) que se les culpa a ellos del incumplimiento de esas promesas.
Y uno no puede por menos que pensar ¿a qué va dirigido ese puñado de sandeces?.
La persona joven se encuentra en lo más alto de la jerarquía natural. Es el que tiene mejor salud, mayores perspectivas de vida, y más atractivo, el que todo el mundo quiere tener a su alrededor… Y del que todos quiere conseguir su voto a base de halagos: se le presenta como víctima de una sociedad injusta, se dice que la sociedad tiene «una gran deuda» para con ellos (palabras literales de un político de alto nivel). Y resulta que ellos no tienen nada que agradecer a la sociedad que les ha criado, les ha educado , les ha alimentado…ahora resulta que todo es una deuda para con ellos en palabras de periodistas irresponsables y políticos ambiciosos de obtener el voto joven.
Y los culpables, claro, siempre son los mayores, los que han luchado a brazo partido para sobrevivir. Esos ya no se merecen ninguna consideración ni ningún derecho. Ahora son los culpables, los rentistas, a los que habría que expropiar e impedir que obtengan beneficio de lo que ha sido su esfuerzo durante décadas, para que los jóvenes puedan tener un alquiler barato en el centro de la ciudad y poder así salir de marcha los findes.




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