Vivimos en una sociedad que proclama la inclusión, pero que todavía discrimina en silencio. Y uno de los prejuicios más extendidos —y paradójicamente más invisibles— es el edadismo: la tendencia a juzgar, limitar o descartar a las personas en función de su edad. Como señala la actriz y modelo Pino Montesdeoca, «el edadismo nos afecta a todos, a todas las edades».
“No es un problema exclusivo de quienes envejecen; es una actitud que atraviesa generaciones y que, en la era digital, ha adquirido una dimensión nueva y especialmente urgente.”
Edadismo, discriminación a jóvenes y mayores
El edadismo actúa en dos direcciones. Por un lado, penaliza a los jóvenes: se cuestiona su criterio, se les niegan responsabilidades y se asume su inmadurez por defecto, ignorando en ocasiones una capacidad intelectual y una energía transformadora que resultan extraordinarias. Por otro, recae con especial crueldad sobre las personas mayores, a quienes con demasiada frecuencia se trata con condescendencia, como si la edad borrara automáticamente la lucidez, la dignidad y la autonomía.
Sin embargo, conviene matizar: la experiencia no es sinónimo de años vividos, sino de situaciones afrontadas. Como advierte Montesdeoca, «la edad no te da experiencia; te puede dar más tiempo para vivir cosas, pero no todo el mundo vive muchas cosas». La verdadera experiencia requiere haber estado ahí, haber tomado decisiones difíciles, haber aprendido del error.
La brecha digital ¿una nueva forma de exclusión?
A los prejuicios tradicionales del edadismo se suma hoy un reto de nuevo cuño: la brecha digital. La aceleración tecnológica de las últimas décadas ha generado una fractura silenciosa entre quienes dominan las herramientas digitales y quienes se quedan al margen. Y esta fractura, con demasiada frecuencia, coincide con la edad.
Muchas personas mayores se enfrentan a barreras reales para acceder a servicios bancarios, sanitarios o administrativos que han migrado íntegramente a plataformas digitales. El resultado es una exclusión nueva que se suma a la que ya sufren por razones de edad. No se trata de falta de inteligencia ni de incapacidad: se trata, en la mayoría de los casos, de falta de acompañamiento, de formación accesible y de tiempo para adaptarse a un entorno que cambia a una velocidad sin precedentes.
Cinco claves para superar el edadismo y la brecha digital
Frente a esta realidad, es posible actuar. Estas son algunas orientaciones concretas:
1. Pregúntate qué prejuicios cargas tú.
El edadismo no solo está ahí afuera; también vive en los supuestos que uno mismo arrastra sobre lo que se puede o no se puede hacer según la edad, incluido aprender tecnología.
2. Acércate a la tecnología como lo que es: un medio, no un fin.
No dominarla no te hace menos inteligente. No dominarla del todo no te hace menos relevante. Lo que importa es no dejar que se convierta en una barrera para participar en la vida.
3. Tiende puentes entre generaciones, también en lo digital.
El joven que enseña a un mayor a usar una aplicación, y el mayor que le explica al joven por qué ciertas cosas no se resuelven con una búsqueda, están construyendo algo que va mucho más allá de la tecnología.
4. Escucha a quienes tienen algo que contar, sin filtrar por edad.
La experiencia no lleva etiqueta generacional. Hay jóvenes con una lucidez extraordinaria y mayores que no han dejado de aprender. La brecha real no es digital: es de atención.
5. Sigue construyéndote, en analógico y en digital.
La edad no es un punto de llegada ni la tecnología un territorio reservado a los jóvenes. Uno puede seguir creciendo en ambos mundos. Esa es, quizás, la mejor respuesta tanto al edadismo como a la exclusión digital.
Fuente: Boletín Movistar
Foto: Boletín Movistar




Comentarios recientes