La discriminación por edad —el edadismo— se ha convertido en una de las formas más normalizadas de exclusión en el mercado laboral español. Hoy, el 44% de las personas trabajadoras afirma haberla sufrido, especialmente quienes superan los 45 años. El resultado: talento desperdiciado.
El 84% de los casos de edadismo se produce durante los procesos de selección, impidiendo siquiera demostrar la valía profesional. Esta exclusión tiene consecuencias profundas: desempleo crónico, pérdida de autoestima, deterioro psicológico e incluso mayor riesgo de suicidio. No hablamos solo de una injusticia social, sino de un grave error económico en un país que envejece y donde las personas mayores de 55 años aportan más del 30% del PIB.
Es urgente una legislación específica contra la discriminación por edad y un cambio cultural que deje de asociar valor profesional con fecha de nacimiento. Porque si una persona tiene los conocimientos que necesitas, ¿qué importa su edad?.
El edadismo no es inevitable. Es una injusticia que se puede —y se debe— erradicar.
Fuente: elmundo.es




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